La central obrera impulsa huelga indefinida con 190 demandas y pedido salarial. El Gobierno rechaza la medida y apuesta al diálogo.

La semana comienza en Bolivia con múltiples frentes abiertos y un mismo denominador: la presión social en ascenso. La Central Obrera Boliviana (COB) convocó a un paro general indefinido, que se convierte en el eje principal de tensión. Esta medida se oficializó con un pliego de 190 demandas, entre las cuales destaca un nuevo incremento salarial, marcando una postura de presión directa.
El desafío es evidente: medir la capacidad de convocatoria de la COB frente a un Gobierno que ha optado por rechazar la medida. Otros actores cuestionan la amplitud del pliego, afirmando: “Hay demandas que parecen más un programa de gobierno que un pliego laboral”. El cuadro general es complejo, ya que la COB busca recuperar protagonismo sindical, mientras el Gobierno intenta evitar que los conflictos escalen.
En lo económico, el riesgo es evidente; paros y bloqueos pueden interrumpir cadenas de suministro y afectar la actividad productiva en un momento de alta fragilidad. La semana no solo medirá la fuerza de los sectores sociales, sino también pondrá a prueba la capacidad del Gobierno para sostener el equilibrio entre firmeza y negociación.
Uno de los focos más sensibles está en los Yungas de La Paz, donde transportistas instalaron bloqueos en rutas clave. Estos exigen mejor provisión de combustibles y reparación de carreteras. “No hay combustible y los caminos están intransitables”, reclamaron los dirigentes del sector. El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, se trasladó a la zona para encabezar las negociaciones y logró un cuarto intermedio mientras avanzan los acuerdos.
En paralelo, una marcha campesina e indígena avanza hacia la sede del Gobierno tras más de 24 días de caminata. Aunque su impacto político ha sido menor que en movilizaciones anteriores, su presencia suma presión en la capital.
La Central Obrera Boliviana señaló: “El paro es indefinido hasta que el Gobierno atienda nuestro pliego”. Desde el Ejecutivo, insistieron: “El paro no es el camino, el camino es el diálogo”. Monseñor René Leigue fue claro al afirmar: “Necesitamos diálogo, no paro ni bloqueo”, haciendo un llamado a desescalar la confrontación.
Sectores productivos y empresariales advirtieron: “Un paro indefinido en este momento solo va a profundizar la crisis y afectar a quienes viven del día a día”. Desde el Gobierno del presidente Rodrigo Paz Pereira, se advirtió que una paralización indefinida puede afectar tanto la estabilidad económica como la producción.
En ese escenario, también intervino la Iglesia Católica; monseñor René Leigue reiteró su llamado al diálogo para desescalar tensiones. Sin embargo, sectores productivos han comenzado a desmarcarse de la COB. Para gremiales, exportadores y pequeños comerciantes, una huelga indefinida no golpea primero al Gobierno sino al ciudadano que necesita trabajar o abrir su negocio.
La crítica subyacente es que la COB intenta mostrar músculo sindical en un momento donde la economía exige acuerdos y no bloqueos. Así, el futuro inmediato dependerá de las decisiones que tomen tanto los sectores sociales como el Gobierno ante esta creciente presión social en Bolivia.


